MARIA Y EL ESPÍRITU SANTO

 

 

 

Estuvo delicadamente unida al Espíritu Santo. Tan cosida a El que, con razón, la llamamos “Esposa del Espíritu Santo” ¿Cómo vivimos nuestra relación con el Espíritu? ¿Sigue siendo el gran desconocido de nuestra vida cristiana?

 

María esperaba, la venida del Espíritu Santo, junto a los Apóstoles. ¿Es María un signo de esperanza para nuestra fe? ¿La ponemos en el lugar que le corresponde? ¿Le tributamos un culto centrado y abocado a descubrir la presencia de Jesús?

 

Fue dócil ante la presencia del Espíritu Santo. ¿Lo somos nosotros, aturdidos por tantos ruidos que nos impiden escuchar el rumor de Dios?

 

Cooperó con lo que el Espíritu le sugirió. ¿Por qué nos cuesta tan poco salir de nosotros mismos para lo inmediato y, por otro lado, aventurarnos un poco para las cosas de Dios?

 

Estuvo unida a los primeros pasos de la vida de los apóstoles. Esperaba la llegada del Espíritu Santo. ¿Cómo vivimos nuestra confianza y cercanía con los pastores de hoy?

 

María, recibió al Espíritu Santo, para ser la Madre del Señor. “La cubrió con su sombra”. ¿Nos abrimos todos los días para acoger por el Espíritu Santo, la presencia de Jesús en nuestras vidas? ¿Dudamos de la voz de Dios? ¿Abrimos la ventana de nuestra alma para que el Espíritu entre por ella?

 

 

   J.Leoz. Pentecostés 2006