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El ruido del mundo, las complicaciones, las preocupaciones, las prisas y las responsabilidades...hacen que, muchas veces, nuestras celebraciones sean repentinamente alteradas o rotas por el repentino sonido de los móviles. La iglesia, entre otros aspectos, debe de cultivar y posibilitar, un espacio de silencio, de relax y de tranquilidad. Además, y por supuesto, los que asistimos, un derecho nos acompaña: escuchar con nitidez y sin distracción alguna la Palabra de Dios o, simplemente, olvidarnos -por unos momentos- que los problemas nos esperan fuera. Os acerco diversos formatos, en word y a color, para concienciar en un sentido: sin móviles..todo mucho mejor. J.L. |
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