VIRGEN DOLOROSA
Al pie de la cruz… estaba María

           

En la mañana del sábado santo cuando el silencio acongoja, en muchas de nuestras parroquias, comunidades, cofradías, grupos, etc., seguimos teniendo un recuerdo muy especial a la VIRGEN DOLOROSA.

Recuerdo que cuando estuve en Tierra Santa, allá por el año 1999, íbamos rezando el vía crucis (por lo que se supone fue el camino doloroso que recorrió Cristo hasta el Gólgota) y  me sorprendía cómo a izquierda y derecha de los rezos de nuestro grupo se encontraba todo un reguero de puestos de venta: el zoco árabe, el aroma de las esencias orientales, el mercado, los soldados israelitas recordándonos la tensión palestino-judía........y nosotros ¡en medio de todo! intentábamos vivir interiormente y, también exteriormente, lo que pudo haber sentido en propia carne hace 2000 años el mismo Cristo.

Era, ciertamente, muy difícil centrarse en tal situación y contraste. Nos resultaba chocante, irrespetuoso el clima, hiriente el hecho de que muchos permanecieran impasibles e indiferentes a lo que para nosotros era extraordinariamente vivido. Aún recuerdo la contestación del Padre Franciscano ante nuestro asombro: “ no  creáis  que el vía crucis  de aquel primer viernes santo, fue tan distinto del que estamos haciendo nosotros ahora. Eran tres ajusticiados que subían camino de la ejecución y, esto, a la mayoría les resbalaba. Les daba igual. El Domingo de triunfo en la entrada de Jesús en Jerusalén era ya historia. Cada uno iba a lo suyo.

Ya, por la noche en la habitación, pensaba para mis adentros que una de “esas personas” tuvo que ser a la fuerza María. Que su mirada se cruzaría con la  del Hijo y, que sin decirse nada, como aquellos cómplices en el amor,  se dijeron todo:

           

-Del hombre caído, todos, hacían saña... pero María a buen seguro que le infundía ánimo y fuerza para seguir hasta el final.

-Al hombre burlado, todos, le aclamaban con mofa... pero, María, sería esa mujer que a contracorriente  supo estar en su puesto desde el principio hasta el final: amando.

-Del hombre coronado con espinas, todos, se reían... pero María al observar a sus detractores, tal vez, les recordó que muchos de ellos habían comido del pan multiplicado, que saciaron su  estómago con los peces que sobraron y que, incluso aquel que le negó, fue salvado de las aguas turbulentas. ¿Dónde están todos esos?... se preguntará en su soledad Santa María.

           

María estuvo en los momentos más estelares de la vida pública de Jesús. ¡Cómo le iba a fallar ahora!

           

-Estoy seguro que sus ojos brillaban en medio de la oscuridad que  cubría la hora nona.

–Se recostó como Madre en el día de su nacimiento en Belén

-Acudió como Madre cuando muchos lo tenían por “perdido”

-Solicitó como Madre cuando el agua era insípida y no solucionaba nada un banquete en Caná.

-Estuvo como Madre, en el instante que una madre nunca quisiera ni estar ni vivir,  a la cabecera de la cama cuando un hijo muere... pero, ahora, en cabecera singular y original, cruenta y solitaria, de madera pero sin comodidad, vertical y horizontal: AL PIE DE LA CRUZ.

           

No me cuesta contemplar a María como piedra en la que se apoyaría Jesús camino del Calvario. Estuvo en los triunfos de vida y milagros de Jesús... ¡cómo no lo iba estar en los instantes de fracaso aparente cuando hasta sus más fieles le fallaron!
 

Tal vez, en aquella ascensión al humilladero de DIOS en la CRUZ, no hubo por parte de María ni una sola palabra... ni un gesto siquiera... pero, cuando el  brillo de sus ojos se cruzó con los otros no menos brillantes de Jesús, tal vez le gritaron: “ADELANTE HIJO... ESTOY AQUÍ MÁS FIEL QUE NUNCA”:

 

-Unos te han traicionado...

...pero yo permanezco con la misma fidelidad del primer día

-Los poderosos te han condenado...

...pero yo, con mi presencia, proclamo tu inocencia

-Los escudados en la multitud te han insultado...

...pero yo quito sus salivas y sus improperios con mis labios

-Tus amigos han huido cobardemente...

...pero  yo sigo ardiendo por dentro y por fuera con la misma intensidad de aquel “SI” primero que en Nazaret se hizo respuesta para DIOS.

 

 

MARÍA HOY

M
A
R
Í
A

H
O
Y

Es DOLOROSA VIVA en los hombres y mujeres que no se quedan inertes ante el sufrimiento humano.

Es DOLOROSA SOLIDARIA en todo cristiano que es capaz de desvestirse a sí mismo para que otros puedan vivir con mínimos.

Es DOLOROSA FIEL en aquellos/as que lejos de renunciar a reconocer el “señorío” de Jesús lo hacen presente aun en medio de persecuciones e indiferencias.

Es DOLOROSA MADRE en un mundo en el que sobran hijos y a los cuales –en nuevos Pilatos- condenamos en el patíbulo del aborto. ¡ESTE TAMBIÉN ERA HIJO DE DIOS!....

Es DOLOROSA FUERTE en los momentos en que luchamos por hacer frente al dolor y a la angustia. Cuando no nos hundimos bajo “las cruces” que salen a nuestro encuentro sino que, además, sacamos conclusiones prácticas y lecciones de FE para nuestra vida presente.

   

 

CRISTO HOY

C
R
I
S
T
O

H
O
Y

En reciprocidad a la mirada de la Madre, Jesús,  sigue volviendo sus ojos de hermano mayor hacia cada uno de nosotros. Tan sólo hace falta  que, ahora en respuesta, nos hagamos los encontradizos desde cada esquina donde corremos el riesgo de “contemplar” y “no vivir” la Pasión del Hijo de DIOS.

El aborto (y su anunciada ampliación),la eutanasia, las mujeres condenadas al comercio de su propio cuerpo, la droga-madero convertida en una crucifixión moderna, las cruces buscadas o impuestas, la deserción de la Iglesia y su persecución de guante blanco, la diferencia entre pobres y ricos, ...son MIRADAS del hombre que BUSCAN esa otra CRUZ donde, por obediencia, esfuerzo y sacrificio, CRISTO nos redime.

     

No hay que irse, demasiado lejos, para encontrar una cruz. No hay que volar a Jerusalén ni bajar a la carpintería que está enfrente de nuestra casa; las cruces las tenemos muy cerca. Tan cerca que hasta MARÍA, cuando uno le pide su ayuda, las toca con su mano. Tan cerca que, un año más con motivo de la Pascua del Señor, nos seguirá ayudando para no ser aplastados por ellas

     

Cuenta una anécdota que un cristiano, que amaba mucho a la Virgen, todos los días hacía su visita puntual y breve a su altar pero que, su vida, tenía dos dimensiones muy distintas: era tremendamente fervoroso y doloroso cuando se encontraba frente a la imagen mariana pero... era, por oposición y contraste, indiferente y distante con aquellas personas y situaciones que en el día a día requerían su apoyo, consejo, ayuda, etc.

Un día, como todas las mañanas  lo hacía, se acercó hasta la iglesia a la misma hora y con la misma fe. Y, cual fue su sorpresa,  descubrió estupefacto que la imagen de la Virgen había desaparecido y que, en su lugar, había una nota escrita con mano celestial que decía: “estoy en la calle ayudando a uno que no puede llevar su cruz... si quieres puedes venir a verme y... de paso, me ayudas”.

     

Que sintamos la presencia de MARIA, en esta Pascua 2004, como aquella mujer que tuvo claro desde el principio su misión: FIARSE, CREER; ESPERAR Y AYUDAR y, como ella, estar al pie de la cruz de cada día

     
             
     

Javier Leoz